Para saber +

En Catalunya la tradición del pandero cuadrado y sus canciones se pierden en la noche de los tiempos. La costumbre de recibir donativos a cambio de canciones desde siempre ha estado muy arraigada en todo el arco mediterráneo. Es de suponer que esta tradición ya estaba viva y era de uso común cuando nacen y florecen gran parte de las cofradías (siglo XVI). Entre ellas destaca la Confraria de la Mare de Déu del Roser. Para financiar las cofradías, las Majorales, Pabordes, etc. que son las mujeres responsables de las mismas cantan canciones improvisando versos y adaptándolos al contexto, usando el pandero cuadrado policromado a la vez de instrumento de acompañamiento rítmico y de salvoconducto para entrar en las casas o en las fiestas privadas o donde fuere que hubiera gente. De este modo se fosiliza el binomio canción-pandero usándose prácticamente una melodía distinta en cada pueblo. Éste sistema de recaudación de fondos se mantiene en todo el territorio catalán (del Rosselló hasta el Ebre) mientras tiene sentido la función social de las cofradías. A mediados del s.XIX, con la industrialización, aparecen otra suerte de organizaciones sociales (ateneos, federaciones obreras...) que hacen perder peso a las cofradías que entran en decadencia. Ya en el siglo s.XX, gradualmente se va abandonando la tradición cada vez más folklorizada y anacrónica. En algunas zonas la tradición la reciclan mendigos que saben que la gente mayor asocia las melodías y los panderos con la caridad.  

Toda esta riqueza llega a las puertas del siglo XXI, ignorada, maltrecha y dispersa. 

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